sábado, 21 de diciembre de 2013

Naoshima, días de bicicleta.

 
   Fue de regreso de Hiroshima cuando crucé un mar lleno de medusas hasta llegar a la isla de Naoshima. Venía de comprobar que la culpabilidad histórica por el hecho de ser occidental nada tiene que ver conmigo en aquella ciudad que nunca hizo méritos propios por aparecer en el mapa, algo de lo que ya me habían avisado en el hotel de Tokio. Para mí, volver a Japón es recordar mis días de bicicleta en sus islas. Afortunadamente hay lugares que enseñan a no perder la fe en la institución donde eduqué parte de lo que son mis pasiones y uno de ellos es esta hermosa isla, un lugar lleno de iconos de la arquitectura japonesa donde, a golpes de pedales y para mi sorpresa, fui recordando benévolamente algunas de las mejores clases que recibí durante mi periodo de estudios en la Escuela de Arquitectura de Madrid.

   El primer contacto llegó desde la cubierta del barco. Un grupo de jóvenes de Osaka, quienes no evitaron las referencias mangas en sus movimientos, me hablaron del autor japonés de la primera escultura que se ve a la derecha de la entrada a la isla. Los primeros pasos que di en suelo firme fueron bajo un plano oscuro horizontal que levita en la entrada de la isla. Era la terminal de ferry. Me resultó grato reconocer a la autora de la misma. No hay que inventar la rueda cada día para hacer de algo tan simple una experiencia totalmente diferente. Nunca antes fui tan consciente de la desnudez de mis acciones producidas por la innovación de una cubierta reducida a lo mínimo. De allí salí con una bicicleta y la devoción de visitar los éxitos arquitectónicos que reconocí en el plano de la isla. A los pocos kilómetros recorridos aparté el recuerdo de ese ego con el que nos hablaban aquellos profesores en las clases de arquitectura y con el silencio de la carretera alcancé el equilibrio para dejar aflorar entre mis pensamientos magníficos comentarios de ellos, los cuales nutrían aún más el itinerario tan fructífero que me rodeaba. Me agradó muchísimo parar para que un local me mostrase dos casas tradicionales, donde bastó con descalzarme y poner los pies en sus tatamis para que con un simple juego de luces y sombras verme sumergido en el universo de Tanizaki, cuyo clímax llegaría momentos más tarde de la mano de un ciego, quien me sirvió de guía en el interior de un pabellón oscuro hasta sentarme en un banco enfrente de lo que diez minutos más tarde resultó un cuadro de luz que pareció ausente en mi llegada. Ante tanta sugestión salí de allí para seguir con mi ruta en bicicleta. Paré para palpar con mis manos esos hormigones que existen en los edificios bien hechos del maestro japonés, aquéllos que tanto inspiran a profesores y arquitectos situados a miles de kilómetros de distancia y que tanta arquitectura evocan. Pensé en las horas de estudio que dedicó uno de mis tutores mientras construía su capacidad cultural mediante libros y revistas para hilar así la historia con la que seducir a su alumnado y entonces fue cuando comprendí la buena intención que había en su quehacer el día que escuché aquellos comentarios en el aula de proyectos. Con los años transcurridos veo generosidad en lo que fueron sus palabras, quien los compartió desinteresadamente y pudo explicar con ellos cómo su interpretación de los lugares lejanos le servía para seguir con su búsqueda personal en el mundo del diseño. Regaló su imaginación a quienes estábamos allí presentes y hoy me sirven de motivación para escribir este relato. 

    Era tarde cuando aparqué mi bicicleta en la terminal de ferry por la cual entré a la isla por la mañana temprano y, a la espera del último ferry para que me pusiera de nuevo en camino de lo que era mi viaje, hice tiempo en los alrededores. Allí me encontré con el mismo japonés que me había enseñado las casas tradicionales, quien me dijo haber estado buscando autenticidad y honestidad en su viaje por España. Me preguntó por qué se hablaba de esa cubierta de la terminal de ferry en exposiciones que había visitado en Madrid y Barcelona y yo le contesté con algunos de los comentarios que había rememorado a lo largo del día, los cuales le produjeron algo de perplejidad por la manera de entender su cultura y, a la vez, un sentimiento de nostalgia de un pasado que realmente él no vivió. Ambos subimos al último ferry y fuimos alejándonos de la isla mientras seguimos hablando con la satisfacción de intentar comprender los diferentes hechos culturales ajenos a ambos, lo cual hace que la vida sea mucho más interesante. Fuera había un deslumbrante resplandor. El calor dejó de brotar de las aguas dando paso a la brisa casi nocturna de primavera. Las medusas seguían con su movilidad brillante en lo alto del mar. Y la escultura que había allí a mi llegada desapareció en la lejanía a la espera de descubrir más sobre su autor en mi viaje a Brisbane dos años más tarde. Es magnífico pensar que aquel mismo cielo azul se extiende ininterrumpidamente sobre el mundo y que lo único que lo diferencia es la inclinación de los rayos del sol en sus innumerables lugares: Kyoto, Ordos, Katmandú, Varanasi, Dubai,… El recuerdo de escenas como ésta me aparta ya de mis placeres juveniles mientras permite distanciarme durante mis visitas a países tan remotos recordándome lo que hoy en día son mis vínculos con Europa para entender el continente asiático en el que vivo, los libros.



A la espera del último ferry. 

Dedicado a Beatriz Fernández porque en aquel lugar de mi primer viaje a Japón perdí aquella chapa que me regaló de SANAA.
   

sábado, 30 de noviembre de 2013

Taipei 101, hombre ridículo camina.

"Las torres siempre me han parecido absurdas pero bueno, a falta de pan buenas son tortas, uno sube y ya está". Taipei 101, postal de la tienda de souvenirs.
   
   El pasado sábado amaneció lloviendo como ya nos tiene bien acostumbrado el gobierno de Singapur, que conste que llevo fatal que nos controlen hasta con la lluvia, así pues con el entusiasmo vespertino que tengo durante los fines de semana de los meses noviembre, cogí mi cuaderno de notas naranja, cuyo color alude a nombre de mujer tailandesa y que compré en el bazar en el que se ha convertido hoy lo que fue el lugar de trabajo de Geoffrey Bawa, y me entretuve un bien rato con lo anotado. Hay quien sostiene que nos hallamos en una nueva era de exploración y aprendizaje, la cual desarrollará una nueva cultura surgida en torno a la posibilidad de interactuar con individuos desconocidos ubicados en distintas partes del planeta, quienes están siendo agrupados mediante las redes sociales por compartir pasiones similares, lo cual podría ampliar más el conocimiento y abre nuevas posibilidades para el desarrollo de la creatividad. Extraordinarias referencias, pensé yo, pero ya sé que a veces no entiendo bien las cosas y en esa mañana, que de comprensión andaba lo justito, fue cuando con benévola lucidez pasé en un santiamén a las notas escritas sobre mi viaje a Taiwan, un país en el cual aterricé a ritmo de tambores chinos del puro furor que me había producido leer unas reflexiones de aquél quien habla de cine por la radio 3. Un viaje que no dejó de evocar ciertos climas cinematográficos y temas de novela a base de los diferentes itinerarios fragmentados entre trenes y automóviles mientras se iban sucediendo una serie de perspectivas con sus montañas, sus ríos, sus acantilados, sus playas, sus ciudades, sus distritos, sus templos, sus casas de té, sus luces y sus publicidades entre habitación y habitación de hotel. Paseos por lugares tan llenos de bruma que fui recogiendo en cantidad de fotografías tomadas de manera casi compulsiva. Imágenes que me resultan tan fascinantes como inexplicables y que no acabo por descifrar aún a día de hoy. Descubrí un intento de trazado urbano en la ciudad de Taipei que se presentó como un jeroglífico a descifrar que acabó en un deambular por cantidad de rutas que se fueron improvisando entre sus angostas calles y grandes avenidas, algunas incorporan incluso autopistas elevadas, hasta que alguien me paró para decirme que parecía un hombre ridículo vagando triste y solitario por el mundo, lo que me estresó de tal manera que fui en busca de algo de pan, comer miga es una actividad que me relaja mucho desde pequeño, y dar así con la única torre que hay en aquella ciudad, Taipei 101. Una vez arriba, y en medio de lo que siempre me resulta una insaciable mezcla de propaganda patriótica, tecnología turística y con todas las vistas hacia ninguna parte, coincidí con los pocos occidentales de todo el viaje y fue en la semejanza de nuestros rostros en medio de toda aquella parafernalia, donde reconocí que había perdido contacto con el mundo y sobre todo conmigo mismo. Entoces, con la intención de verificar y dar prueba de mi experiencia con lo exótico durante esos días, que ya había vivido en otras ocasiones en otros lugares aún más lejanos y que nunca parece alcanzar la realidad, envié desde allí una postal al Cafetín de Tadeo, quien al parecer la recibió y colocó entre los anises a la espera de algún momento de lucidez de alguinos de sus clientes para contestarla. 

   Cuando dejó de llover esa mañana de sábado me sacaron para el centro comercial ya que es así como se ahorra en el aire acondicionado viviendo en el trópico.


Texto sobre mi experiencia en Taiwan que me recuerda, y creo saber los motivos, a las crónicas de Diario de un hombre ridículo de Fran Vega que puedes leer haciendo click en este enlace "El Cafetín de Tadeo".

domingo, 3 de noviembre de 2013

El allende ya no existe.

   Al instalarse en un lugar ajeno al original por voluntad propia, la atracción por lo exótico es como una moda en la que, más allá del lenguaje gestual -tan socorrido en el inicio- interactuar entre personas de diferentes culturas genera innovaciones en los modos de comunicación. La mente está muy receptiva, las emociones son un constante hormigueo en el cuerpo y el aprendizaje es tan fugaz que el inconsciente genera nuevos esquemas de conocimiento, de manera que, un simple intercambio de ideas se convierte en toda una herramienta altamente enriquecedora al entrar en conflicto con toda la experiencia anteriormente adquirida. 

  Hay tópicos en la parte occidental sobre el lado oriental que nos gusta escuchar y aprovechando que no siempre se tiene por jefe a una persona amable que, además de ser eficiente, resulta cercano, respetable y poseedor de un gran amor por su oficio, quise preguntarle por su relación con el budismo para que me hablase como si de mi mentor se tratase. Con su respuesta me dio a entender que un budista medita hasta lo infinito para alcanzar ese nivel deseado de equilibrio consigo mismo y su entorno, y es ese mismo ímpetu por alcanzarlo el que les capacita a desarrollar más facilidades para la filosofía que para las artes plásticas. Para él, la religión cristiana viene a ser una opción, la cual se acepta o se rechaza, y es en esa dicotomía donde se genera una pasión visceral en el individuo que para él es impensable que Van Gogh se hubiese arrancado su oreja en el caso de haber sido budista. 

  La frivolidad de los aviones nos hace vagar por el mundo de manera desarraigada y solitaria. Nos dicen que todo el mundo tiende a uniformarse como si de un fenómeno en aumento se tratase, para hacernos pensar que lo pequeño desaparecerá tarde o temprano, pues es su naturaleza, y entonces decir así aquello de que el allende ya no existe.  

domingo, 6 de octubre de 2013

#2wTREE_003 - Venimos de lejos.

“Nadie es una isla, completo en sí mismo;   

cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la Tierra.” 

John Donne, Devotions Upon Emergent Occasions. 

   La raza humana es una y el mundo no tiene fronteras. Un nómada es de todos los sitios donde ha vivido y ha visitado, quiere aquellos lugares donde tiene buenos recuerdos y donde ha pasado tiempo, pero no se ata a ninguno. No tiene barreras, le asfixia estar condenado a un lugar definido. Un nómada siempre ha de ir andando y añadiendo nuevas facetas de los seres humanos, de las distintas civilizaciones y culturas que descubre en su propio perfil, aumentando así su riqueza cultural. A diferencia de un sedentario que tendrá tendencia a estar apegado a “su” territorio, y a necesitar la seguridad de lo conocido, de su cultura, costumbres y tradiciones.



  En púrpura escribe Borja Bandrés, escritor, periodista y buen viajero. Sus textos (www.borjabandres.com) me acompañan desde mediados del año 2011. Yo fotografiaba algunos de los países asiáticos para mi proyecto “El Mundo” y él escribía reflexiones de sus experiencias por Sudamérica para el suyo, “Venimos de lejos”. Proyectos personales de estilos y formas diferentes pero que, al ser colocados a la par, podrían complementarse de esta manera. 




Barcelona es una ciudad cuyo trazado urbano, el plan Cerdá, es un referente mundial.



   El origen de una ciudad puede ser muy diverso y, con el paso del tiempo, va generando sus barrios con sus múltiples personalidades hasta que, llegado a un punto, su desarrollo pasa por un grado de conceptualización para dotarla de cierta cohesión y uniformidad cuya individualidad se llena de una gama de particularidades que pueden convertirla en universal. 



   Y es que no tenía ni diez años cuando, como había nacido en la Ciudad Condal, era catalán. Pero luego iba a Aragón a ver a la familia y escuchaba a la nobleza baturra despotricar contra Cataluña. Así que como no quería que me insultaran, deduje que algo debía tener de aragonés. Sin embargo, mi parvulario-colegio-instituto era francés y como pasaba cerca de treinta horas a la semana en él, llegué a la conclusión que alguna parte mía era francesa. Cuando visitaba Francia, mis compañeros galos me hacían observar que por ser español hablaba muy bien "su" idioma. En aquellos años mozos, en mi pasaporte ponía République Française. Así que, con las dudas de qué porcentaje de francés tenía, llegué un buen día a Córcega, donde nació mi abuelo materno. Y nada más poner pie en la Isla, leí garabateado por ahí: O pinzuttu fora, o sea, “los franceses fuera”. 

   Podría explayarme un rato más, pero mejor será poner coto a tanta narración y transcribir lo que un amigo me dijo hace un tiempo: “El mundo es el hogar de todos, y el nombre que le hayan puesto al trocito de tierra en el que pasas cierto tiempo no tiene la más mínima importancia.”

   Cuando empecé a leer a Borja me pregunté por su origen, como queriendo buscar una ciudad, ya que su lectura me resultaba como moverme por los diferentes barrios ajetreados que tiene una gran ciudad. Textos que desprenden tanta unicidad en su contenido que entendía ese viaje a Sudamérica en el que estaba involucrado como ese paso necesario para conceptualizar la visión de su proyecto personal. Un camino que empezó en Brasil el año 2011 y se extendió al 2012, con paradas en Argentina, Perú y Bolivia. Una experiencia cuyas reflexiones nos fue ofreciendo en su blog y que ahora recopila para la publicación de su libro “Un camino en 18 textos”. 




Los Himalayas, por Miguel Vélez.



   El viaje también sirve al aventurero para, como dijo Descartes, “conocer las costumbres de los distintos pueblos y para despojarse del prejuicio de que sólo en la propia patria se puede vivir de la manera en que uno está acostumbrado.” Así, viajar ayuda a dejar de lado un etnocentrismo que hace de la cultura propia el criterio exclusivo para interpretar los comportamientos de otros grupos, etnias o sociedades, y hace relativizar las propias creencias, hábitos, costumbres y entorno, dándoles un nuevo enfoque.



   Al viajero -que no al turista- nada le resulta indiferente, y en su periplo el más mínimo detalle o comportamiento, aparentemente banal e insignificante, es observado con interés y se transforma en una peculiaridad, reflejo de una nueva cultura que pasará, de alguna manera, a formar parte del mismo. Este sabe que su aventura es un salto hacia lo desconocido donde entra en lo imprevisible y en lo imprevisto. 


   Conviene alejarse de las ciudades y admirar la naturaleza: porque es subversiva, porque nos incita a soñar, porque intensifica nuestra vida interior, porque desarrolla la sensibilidad y el libre albedrío, porque nos hace relativizar, porque nos aleja de nuestras expectativas, miedos y temores, porque nos conecta, porque nos devuelve a nuestra esencia y porque nos hace estar vivos.


   Hay momentos en los que viajas con la sensación de estar perdido en el mundo. No sabes dónde ir o qué hacer o, incluso, del lugar dónde vas a dormir. Quieres buscar un camino dando una solución a todas las diferentes posibilidades que tienes. Te sirves de unas recomendaciones, un mapa y una guía de la ciudad. 

   Si hoy es un día de suerte, es que estás leyendo exactamente esto.


Las montañas de Ladakh, India.

   Existen en la vida momentos de tanta lucidez que la clarividencia se impone como una verdad inapelable, eliminando momentáneamente en nosotros cualquier atisbo de confusión, interrogante, duda o cuestionamiento. Estos instantes, que se quedan inevitablemente grabados en nuestra memoria como un punto y aparte en nuestras vidas, nos permiten adquirir una certeza acerca de algo, de alguien, o de nosotros mismos. Cuando esto ocurre, la mente se desactiva, los sentidos entran en suspensión, los velos caen, el error deja de ser una posibilidad, y la existencia alcanza entonces, como dijo Herman Hesse, “su plenitud, porque todo ha perdido su significado".

  Siempre me valgo de esos tres escenarios mostrados en los videos anteriores que, apoyándome en las reflexiones de Borja, podrían mostrar a modo de ensayo lo que es un cambio en la manera de pensar, fruto del impacto visual que he tenido en un entorno totalmente ajeno al mío como viajero. 


Visión de Budapest, por Borja Bandrés. 

   Somos el resultado de lo que hemos heredado y de lo que han sido nuestros padres y antepasados. Llevamos un legado que debemos seguir y ante el cual somos responsables. El olvido y la ignorancia histórica son una de las cosas más peligrosas que existen. Queriendo echar arena encima del pasado, cubriéndolo para que no salga nunca a flote, o simplemente desinteresándonos de él, cometemos un gran error. Quien no conoce su pasado no se conoce. Nos olvidamos que la miseria y la precariedad son caldo de cultivo para los extremismos de todo tipo. Nos olvidamos que estos están liderados por salvapatrias que siempre encuentran en la desesperación de la ciudadanía su mejor apoyo, y en la inventada culpabilidad de un determinado colectivo, su mejor política. 

   Nos enseñan en el colegio aquello de que “no hay camino, se hace camino al andar”, por lo que nótese que el viaje del que aquí se habla, trata de definir algunas de las diferentes etapas que uno va encontrando en su camino, un proceso que para algunos puede llegar a ser hasta una vida entera. 


"En un lugar de la Mancha", por Narunya Kes.

   Acaba de anochecer. El viento barre las colinas y despeja el cielo que por la ventana se manifiesta majestuosamente estrellado. Más allá del silbido del aire que entrechoca con fuerza las ramas de los árboles no se oye nada. Hace fresquito y como la cosa no está para gastos suntuarios, la cómoda calefacción ha dado paso a la estufa de leña. Es lo que ofrece la Tierra, y el calor y olor naturales no tienen parangón. Tras depositar un buen tocón, inmediatamente presa de las llamas que calientan la estancia, un cosquilleo en el estómago recuerda que hay gazuza. La cena consiste en un poco de pan, aceite de los olivos de la última cosecha y nueces del otoño que, un año más, se han podrido por millares sin alma que las recoja.

   Leyendo este texto de Borja a mi compañera de viaje noté que ella no parecía comprender este modo de vida, mientras yo recordé claramente a mi hermano mayor en búsqueda de mi abuelo materno para conseguir algunas de aquellas sabrosas almendras que nos daba en nuestra infancia. El texto me motivó para volver a pisar mi tierra de origen, hace poco tiempo junto a ella, con la intención de enseñarle así el modo de vida de mis paisanos. Entrando ya de lleno en mi provincia de La Mancha, ella cogió con disimulo la cámara fotográfica y, con su timidez asiática, hizo la foto que ilustra este capítulo –Motivación- diciendo aquello de “el mundo es tan maravilloso e inabarcable”. Una frase que se repite en los textos de Borja y que parece dotar de sentido al mundo cuando somos conscientes de esa sensación plena de que realmente todos venimos de lejos. 

  Gracias a Borja Bandrés por su generosa colaboración y aportación al proyecto leglessbirds. Una entrevista para 2wTree.


Encontrarás los textos de Borja Bandrés en el blog de Revista Inefable pulsando aquí
Y disfrutarás de un vuelo por Asía, aquí










sábado, 31 de agosto de 2013

Sobre la charla-coloquio.


Biblioteca "Francisco de Quevedo"
   Una mujer de la etnia H´mong me comentó en Sapa –Vientam- que la escuela de su comunidad es como una ventana por la que asomarse a un mundo diferente al de los valles llenos de arrozales por los que caminan cada día. Si tuviese que buscar un lugar equivalente a esta idea en mi tierra natal, esa ventana sería la biblioteca municipal “Francisco de Quevedo”. Cinco eran los años que no pisaba el suelo de la Torre de Juan Abad –Ciudad Real- en agosto y cinco también desde que dejé de poner cine durante los jueves de las noches veraniegas. Un ciclo sobre las películas de Wim Wenders fue lo último que proyecté sin mucho éxito pero que sirvió para amainar con estupendas conversaciones entre los amigos interesados durante aquellas noches fabulosas de verano. 

 Lourdes presentó, además de la charla, el significado del término leglessbird.
    Después de este tiempo, volver allí ha sido muy agradable y no se ha necesitado del cine, rodado por otros en países muy lejanos, para hablar de culturas distintas y demás asuntos triviales. Junto a algunos de mis paisanos conseguimos hacer una noche sencillamente diferente a otros atardeceres torreños mientras degustamos un buen café con sabrosos pasteles locales gracias a una charla-coloquio sobre Asia organizada por la directora de nuestra biblioteca, Lourdes Vélez, con motivo de su programación de verano sobre viajes a otros países. Ella ejerció como verdadera maestra de ceremonias para la presentación de “45 minutos en Asia. Movimiento leglessbirds” y nos leyó, a los allí presentes, el significado del término leglessbird como aquel pájaro de vuelo emprendedor que por su técnica y habilidades llegan a cualquier parte pero con la limitación de no tener patas para quedarse” y de ahí, me dio paso para comenzar un viaje que nos llevo a muchos lugares de la lejana Asia y que el amigo Eduardo Santos grabó en estos tres videos. 




Qatarsis, el libro no escrito por Juan Marín. 
"45 minutos en Asia. Movimiento leglessbirds" es un viaje sobre mi experiencia laboral, como arquitecto, en el extranjero que empieza en Oriente Medio a finales del 2008 y que se extendió por el Sudeste Asiático a mediados del 2010. A través de diversas fotografías y vídeos por diferentes países asiáticos se consigue acercar un continente, a priori tan lejano, dando a conocer pequeñas historias de sus gentes. Un viaje personal que nunca hubiese pensado emprender sin las circunstancias generadas por la crisis española actual.




 
Diversas ciudades de Asia.
    Mientras preparaba esta charla junto a quien fue nuestra invitada especial, Narunya Kes, leía el libro rojo de David Carlson titulado Make design matter que acaba diciendo que “al final, todo trata sobre como es nuestra vida en la Tierra” y nos propone “simplemente ser el cambio que queremos en el Mundo”, palabras que me recordaron las sensaciones que experimenté viajando solo a Nepal y que me ayudaron para cerrar la charla incorporando un proyecto fotográfico personal llamado “Dhanebad Nepal!”, el cual trata sobre una colección de retratos de diferentes personas con las que interactué durante mi visita a este país y que encendió la llama para decidirme a probar aventura laboral por mí solo en este continente llamado Asia. 




Dhanebad Nepal! es un proyecto fotográfico durante mi visita a este país.


  Cierto es que el número de asistentes -amigos, familiares, paisanos, profesores de instituto, universitarios buscando tal vez las claves tal vez para su fuga en breve- fue mucho mayor que nuestras mejores perspectivas y dejó el aforo muy limitado al público. Algo por lo que se pidió disculpas desde la propia biblioteca mientras se estaba desarrollando el propio acto e, incluso, al día siguiente.




Con el señor Akwin entendimos como es una boda tradicional en Indonesia.

   Al finalizar la charla-coloquio, recibimos comentarios generosos y muestras de gratitud muy motivadoras. Según Lourdes, lo que le pareció quedar claro “es la cercanía que pueden mostrar las diferentes culturas lejanas mostradas, además de abrir otra puerta más al concepto de lo que resulta verdaderamente exótico”. Carmen nos dijo que disfrutó de la charla por “tener y compartir muchas sensaciones similares en los lugares comunes que hemos visitado". También hubo comentarios cómplices como el de la amiga Teresa -a quien Asia espera su visita desde hace ya tiempo y ella bien lo sabe-, quien afirmó que “los que te seguimos por las redes sociales no hemos visto muchas cosas nuevas” o de amigos ausentes como Antonio, que después de enviarle el video vía internet, escribe para decir “la Torre no es un pueblo normal cuando uno de sus hijos te da un coloquio que no puedes ver en ningún otro sitio”.


Carol ejerció de intérprete en diversos momentos del coloquio. 



  En definitiva, simplemente quiero dar las gracias a todos los que con vuestro apoyo, presencia y energía hicisteis posible materializar esta charla-coloquio en uno de los rincones más apreciados de nuestro pueblo, nuestra biblioteca. ¡Muchas gracias a todos!


Con algunos de mis paisanos conseguimos hacer una noche completamente diferente en la Torre.

  Sin más, un abrazo desde el sudeste asiático y dejo como compañía la buena interpretación de Mediterranean Sundance a cargo del grupo local del amigo Juan Velázquez, The Blue Olive, pulsar aquí      




                                            Una propuesta de 

                                            

                             

                                                           En colaboración con   

                                  

                           

viernes, 12 de julio de 2013

Yo, fallo de sistema.

  Recuerdo las imágenes que documentaban a algunas mujeres de Ladakh –India- argumentando el éxodo de sus hijos a la gran ciudad. Una vez, un hombre blanco llegó diciendo que necesitaban una carretera y tras su construcción eran pocos los coches que la usaban. Los jóvenes querían ser como el ingeniero occidental y empezaron a abandonar el campo. Los niños se despedían de sus familias con el sueño de llegar a ser como aquel hombre iluminado venido de lejos. Muchos de ellos acababan su exilio jugando al solitario en los locutorios de las grandes urbes. Las madres siguen llorando la ausencia de sus hijos y los niños andan perdidos por algún lugar de la gran ciudad. Todo ello en el nombre del desarrollo mientras recuerdan que en su comunidad nunca necesitaron de ingenieros para hablar de felicidad.   


   Enfrente de mí tengo los planos de un hotel de diseño exquisito con tres años de vida al norte de Shangai y lo van a tirar. El inversor chino se ha cansado y ha cambiado de idea. El responsable del proyecto es un arquitecto malayo de origen chino que pronto se jubila. Mi reunión con él acaba y me dice que resolver los problemas de hoy resulta mucho más complejo. En su origen, se recuerda como un mero diseñador interesado en el conocimiento técnico sobre el detalle constructivo y ahora, centra su atención en la manera de pensar que lleva su firma. A día de hoy, asegura que sus diseños son como una investigación que solapa diferentes campos de pensamiento; a veces el científico, otras el psicológico y, de manera más literaria, la de narrador de historias. 

   Yo, que llevo la marca de occidental en mi cara, sé que ese pensamiento no es nuevo. Ya nos lo contaban en el colegio. 500 años atrás, durante el Renacimiento, Leonardo, Miguel Ángel y sus colegas practicaban regularmente ese pensamiento híbrido causando arte, ciencia y literatura con el que interactuaban con sus contemporáneos. Modos de pensar que producen ciertas sinergias que los profesores de la escuela nos inculcaban a modo de pautas sugerentes y motivadoras. Esos mismos arquitectos-profesores que nos juzgaban lapidariamente a principios del 2000 y nos hablaban de cómo forrar 5000 m2 de fachada con acero corten como elemento de moda y no de aluminio, ya que este último había quedado relegado a un material de provincias a esa altura. Teoría de la Arquitectura lo llamaban. Algo que con el tiempo se ha demostrado que no eran más que opiniones perversas en una época de abundancia ficticia. 

   La mesa está llena de dibujos sobre ese hotel, los cuales el arquitecto se propone recoger ahora y mientras tanto me dice tener las manos infectadas por el desarrollo salvaje que vivimos. Al fondo, la silueta de varios arquitectos recién licenciados llegados de países cercanos a Singapur redibujan los planos de lo que serán sus “obras completas” y, en frente suya, yo mismo que intento creerme la lírica absorbida con sus pensamientos desde la aproximación a él como especialista en otro área de la misma disciplina, sabiéndome ya como una pieza que comienza a dar error dentro de todo este endiablado sistema.



   (Comparto el vídeo "Fading Lives" cortesía Tyni Carousel, ver aquí.)


lunes, 1 de julio de 2013

Entrevista en LANZA CIUDAD REAL.





Entrevista en el periódico LANZA CIUDAD REAL publicada el lunes, 1 de Julio 2013, en las páginas 4-5.


Acceso a la entrevista completa aquí.

domingo, 9 de junio de 2013

El Sudeste, el infinito o el más allá.


El Mundo según George Orwell.

   Indonesia son aproximadamente 17.508 islas con un número de habitantes difícil de censar, que va desde 240 millones, pasando por 300, llegando a los 400 y hay quienes hasta se atreven a duplicarlo. Hablo de gente, mucha gente en un territorio casi salvaje que destaca por proporcionar una inagotable reserva de mano de obra muy barata. En definitiva, controlar este archipiélago es disponer de centenares de millones de trabajadores no cualificados, mal pagados y muy resistentes. A día de hoy, me parecería más acertado hablar de una experiencia personal que de una carrera profesional ya que durante este tiempo me estoy moviendo por la parte Este de ese cuadrilátero con sus ángulos en Tánger, Brazzaville, Darwin y Hong Kong, el cual contiene casi una quinta parte de la población de la Tierra y sus habitantes son reducidos más o menos a la condición de esclavos como bien apuntó aquel periodista y novelista británico, George Orwell.

    No hace mucho un jefe de obra indonesio me contaba su infierno diario en Bali. Más allá de algunos errores en su planificación y la falta de coordinación con el contratista principal, se le añadía a su odisea la dificultad de encontrar soldadores especialistas en acero inoxidable para la obra. A priori, algo que resulta paradójico si pensamos que estamos hablando del cuarto país más poblado del mundo pero que, no es de extrañar debido a la falta de protocolos de calidad y medidas de seguridad no aplicadas por las multinacionales para la ejecución de algunas de las obras que he visitado por aquí. Dudo de la voluntad humana para ejercer la profesión de soldador en un país donde es bien sabido que muchos de sus soldadores quedan ciegos con los años. Aquí cualquier reunión tiene un capítulo dedicado a la antropología del lugar cuya tarea central consiste en demostrar la relación entre lo particular y el conocimiento universal para el entendimiento común de todos los miembros del equipo multicultural. Y es, en esta aspiración de alcanzar una unidad de saber común, donde surgen unas fuerzas creativas que hacen posible que todo conocimiento sea al mismo tiempo una experiencia estética. Es, en la aproximación de dar sentido a esa realidad, donde encuentro la imaginación como motor de las creencias y pasiones humanas, donde el afán por llegar a un ideal de conocimiento mucho más completo pasa de largo por el pensamiento, técnica y arte debido al mero objeto arquitectónico que ahí nos convoca. 

   Lejos queda ya el recuerdo de aquel gran fuerte abrazo en común con una pareja de buenos amigos de la universidad deseándonos lo mejor en nuestras carreras profesionales a finales del 2008. Con esa idea crucé inocentemente el control de pasaporte del aeropuerto de Barajas rumbo a Oriente Medio para llegar, luego más tarde, al sudeste asiático, pero también diría que ésto podría tratarse del infinito o el más allá.

domingo, 19 de mayo de 2013

#2wTREE_002 - Chatibuky, where your world ends and mine begins.

Is the wolf as wild as the say in the stories?  courtesy of Chatibuky 

   Chatibuky is Julia Beamud, an illustrator from the same province in Spain as me, Castilla - La Mancha. She worked as a teacher in School of Art "Pedro Almodóvar" of Ciudad Real. Nowadays though she is based in London. Julia has decided to take a sabbatical so that she can work as a volunteer for a Childrens Charity. At the same time she is also improving her skills by attending design courses, workshops, exhibitions theaters,...and generally trying make the most of the opportunities available to her.

   I realized that Chatibuky was not a common name. So when I first started speaking to Julia I wanted to know the origins of the name, and one of my first questions was; What is the story of Chatibuky? 

   Chatibuky is an evocation of my childhood. My father used to call my mother this word. When he returned from work and opened the door of my house the first thing that he would say to her, cheerfully, would be: Chatibuky!!!. Sometimes he also called us like this. It brings back memories of The sound of the extractor fan in my house, my mother in the kitchen, my brother and me playing in the living room. Chatibuky means to me all these things. It was an affectionate word for my father, so I decided to register as my brand name in 2011. 


The wind tries to take me but can not  courtesy of Chatibuky 

    How do you understand Chatibuky? 

   I use Chatibuky for my own product development. In my case, illustration and graphic design go hand in hand. Everything I do looks very childish, it does not mean that I am focused only on children. I notice that the people I am trying to appeal to a wide age range. I am want to reach out to the child that still remains inside of us. 

   It looks like you have a diverse range of different clients, Who are they? 

   By choice, I left graphic design about one year or so ago to focused solely on illustration. I wanted to try to do my best at this, but graphic design, and my work as a teacher did not allow me enough time to work as an illustrator. I decided to reject more work in graphic design and do what I really wanted to do. The people who I deal with now are very different. They are people who like my work, and choose to buy it to decorate a bedroom or a living room and they ask me to make some illustrations or vinyl. 
Julia among legless birds 

   How do you interact with them? 

  I want my website to be a showcase of my work and my blog as well works in parallel because it is more spontaneous. I conceive y blog as a diary to show what I do. I like the idea of sharing the process of my projects with my readers. 

   As an architect I am really interesting in your design process from the moment that the idea starts until reach an outcome. How do you work out the concept in the field of illustration? 


   I can conceive and develop my projects in any way and any time. The length of the project can be as long as whatever is required by the idea. A simple idea for a project can appear during a train journey, sitting on a bench or working on another project, so I just make notes and sketches and wait until the idea formulates. Ideas are around you, even when you dream, so we just need to know how to see. It is also important to be free of them because they can become overwhelming. 

   After having a clear vision about one idea, I attempt to develop it using sketches until I feel so involved with it that my concern turns to being about whether it will be a single illustration, a series or something else. 

  The actual process is another story. The most enjoyable part is doing the sketches to investigate what I am looking for, the wording and the ideas. To Illustrate for other people's ideas is different, the process is closed but equally rewarding. 

The longer our legs were for running the more tormented we were, we had to cut them shorter to feel more and more free, and the less further away we could be, the further away we dreamt...  courtesy of Chatibuky









  I remember that when we met each other you used to write sentences you heard in your notebook. You were working in a project called “Microhistories” at that time, can I know more about this project? 

  That was a daily exercise, that I impose on myself of writing y thoughts and feelings during those days and months. I had so many notes but finally I illustrated the most meaningful to me. Each illustration define its own feelings. Doing what you like is more important than the outcome. You have to shape them as you think, and later they go wherever they have to go. 

   On your website I also notice that you have interesting collaborations in musical events. What is your experience of work in the music field? 

Explosión local  art work  
courtesy of Chatibuky
   Explosión Local, a music festival in Ciudad Real, has been the most representative work in this field. Additionally I have done posters for concerts and album artwork. Normally organizers had always a rough idea of what they wanted as it was the case of Explosión Local. First I had to understand the history of the event, next I needed to understand the features in order to start the design process and, of course, it was really important to understand the work previous events in order to maintain continuity. 

   Finally I was given near total freedom of the creative process and I only had to adjust my work to a few guidelines. 

   Nowadays you are based in London in your sabbatical but what is your current project? 

   I have just published a short childrens story about Doña Escotofina, another character from one of of my childhood experiences. My grandmother used to call me this with a little humor. It was last year when I thought to make Doña Escotofina one of my personal projects. I was working hard in sketches to bring her to life. Like her, I have more projects but she was lucky to go out. 

Miss Escotofina and the things she likes and dislikes
  
courtesy of Chatibuky
   What was the motivation to develop this project of Doña Escotofina? 

  Many years ago I had a desire to be a volunteer in a disadvantaged country. Two years ago I was visiting Cambodia, a wonderful country, where kids, especially girls, have no so many resources. Prostitution is very obvious on the streets. I saw things that are not so fair but the innocence and craftiness of those kids who look happy with almost nothing made me wonder about so many things. 

   I had visited other places before, but after my visit to Cambodia I wanted to do something. A friend of mine knew about a British charity that works with children in Malawi. We contacted them to share the idea and suddenly Doña Escotofina came alive to try to help the children in that country a little. It has been a hard project to develop for financial issues. I thought that it would have been easier but It turned out more complicated. I learnt to encourage myself when something were difficult and no go back. 

   In the end we made it. 

1 balloon is enough for flying
  
courtesy of Chatibuky
   When I look to details in Chatibuky logo I see that you keep same typographic characters but sometimes it appears a cat, a fish or a balloon, what do you mean by the differences? 

   I wanted to have the logo reflect somethings of my personality using these images as a trademark: 

   The Cat came about, having always found them quite arrogant animals until one day I found one abandoned by her mother in the patio of our house. I decided to keep it and found a wonderful friend. The characteristic is independence.


   The Fish. I normally swim, so, sometimes I feel like a fish. My aunt taught me in a summer house when I was little girl. Swimming is like flying, floating in the water and moving around is amazing. This is a kind of freedom impossible to find. It is only you and the water. 

   The Balloon. You can never stop flying. Sometimes our legs are so heavy for walking and we are afraid to start new projects or even go to new places, especially we are afraid of the unknown and change. I think this is a mistake because the only thing that can happen is that you will learn new things to keep flying in this life.

Chatibuky is me. 

   Julia says that her job as an illustrator is always outside of teaching, both are two different things and she is not the same Julia working as an illustrator and as a teacher. For me, she is another legless bird around and this is the main reason to invite her to be a part of this chapter of 2wTree. Thank for your collaboration. Really appreciated, Julia.

        www.chatibuky.com          
  
Chatibuky products here