sábado, 4 de julio de 2015

#2wTREE_009 - Muhammad Yunus abre la caja de Pandora.

Con Muhammad Yunus, Premio Nobel
 de la Paz 2006 y pionero de los microcréditos.
   Para el señor Yunus los pobres son como los bonsáis. Cuando se planta la mejor semilla del árbol más alto en una maceta pequeña, se obtiene una réplica del árbol más alto pero tan sólo con unos pocos centímetros de altura. No hay nada malo con la semilla que se sembró; sólo que la base de suelo que se le dio resultó ser insuficiente. Los pobres son como los bonsáis. No hay nada de malo en sus semillas, pero la sociedad nunca les da la base adecuada para crecer en ella".

   El profesor Muhammad Yunus es un bengalí natural de Chittagong, la segunda ciudad más importante de Bangladés, educado en la Universidad de Dhaka y becado para estudios de economía en la Universidad de Vanderbilt, USA. Llegó a ser jefe del departamento de económicas en la Universidad de Chittagong hasta que la hambruna de 1974 en su país le sacó de sus clases forzándole a convertirse en un activista social contra la pobreza. Lo que empezó siendo una actuación personal originada por una de las muchas crisis que ha tenido que sortear su país, se convirtió en una vocación para toda su vida. Abandonó su plaza de académico en la universidad y fundó su conocido mundialmente Gramen Bank, el banco para los pobres o, más exacto, el banco del pueblo como significa literalmente en lenguaje bengalí. Yunus y el Gramen Bank fueron galardonados con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1998 y consiguió el Premio Nobel de la Paz en 2006.

   Hoy, el profesor Yunus es un hombre mayor de 75 años que imparte seminarios sobre negocios sociales en la gran sala de reuniones del Gramen Bank en la ciudad de Dhaka con la finalidad de seguir mejorando las condiciones de vida de los pobres. El día que me dirijo a su encuentro llego al salón de actos del Gramen Bank mucho más temprano que la hora marcada de la cita. Durante esa espera voy degustando todas las fotos que tiene con representantes internacionales y, poco a poco, me voy llenando con una emoción desconocida hasta ahora; el peso de conocer a alguien cuyo trabajo y mejoras sociales en su entorno más inmediato ha sido reconocido a nivel mundial. 
 
   El profesor Yunus dice de su experiencia trabajando con los más desfavorecidos que “cuando me encuentro con los prestatarios del Banco Grameen, a menudo me encuentro con parejas de madre-hija y madre-hijo en el que la madre es totalmente analfabeta, mientras que la hija o el hijo es un médico o un ingeniero. Un pensamiento siempre parpadea por mi mente: Esta madre podría haber sido también un médico o un ingeniero. La única razón por la que no pudo dar rienda suelta a su potencial es que la sociedad nunca le dio la oportunidad. Ni siquiera pudo ir a la escuela para aprender el alfabeto”.
 
   De las 6 horas que duró el seminario, el profesor Yunus me dedico unos valiosos minutos para intercambiar nuestras experiencias trabajando con la gente desfavorecida de su país. De nuestra conversación no sólo saco en claro la importancia de la educación como arma de lucha básica de los más desfavorecidos contra el sistema dominante que los excluye, sino que además la organización es la piedra angular para salir de las situaciones marginales que provoca la pobreza. De ahí, que me haga ver que la solución no es sólo el dinero que se invierte para realizar mejoras en las comunidades desfavorecidas, sino que parte del cambio empieza ayudando desinteresadamente a los desfavorecidos a conocer sus cualidades y capacidades para salir adelante. Y es que, según escribe el profesor Yunus en uno de los libros suyos que me compró mi chofer en una de las muchas librerías que hay en el barrio de la Universidad de Dhaka, el mensaje actual de su proyecto de vida se focaliza en enseñar que "todos los seres humanos somos empresarios. Cuando vivíamos en las cuevas, todos estábamos por cuenta propia buscando comida para alimentarnos. Ahí es donde comenzó la historia humana. Cuando llegó la civilización, nos olvidamos de esta idea para convertirnos en lo que los poderosos conocen como mano de obra. Así fue como nos olvidamos de que nacimos emprendedores". 
 
   Por todo lo mencionado anteriormente y por la motivación que me genera la lectura de las ideas que desarrolla en sus libros, me propuse conocerlo personalmente durante mi aventura laboral en Bangladés. Ese día fue el pasado  22 de Junio de 2015. Nunca pensé que Asía me regalase 15 minutos de vértigo hablando con un Nobel de la Paz, pero fue en la sede de su Grameen Bank, donde me encontré enfrente de él y conocí gratamente a un hombre sencillo, humilde y extremadamente accesible. Resultó todo oídos, de los que van directo al grano mientras adoptan ese perfil bajo que se requiere para estos perfiles. Toda una lección aprendida.  
 

8 comentarios:

  1. Seguro que será muy enriquecedor hablar con alguien así. Cada vez que escribes me das mucha, mucha envidia.Y encima, alejado de toda la mierda política que tenemos aquí. ¡Qué suerte!

    Besos,
    Lola.

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  2. Desde luego que es un lujo, te codeas con la crema. Bien que vengas a visitarnos en noviembre al pueblo. Así no perderás tus raíces, aunque se que las tuyas son universales.

    Abrazo,
    Taqui.

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  3. ¡Jolín, qué gozada! Eso sí. Pareces un político con el apretón de manos.

    Besos,
    Tere Rivas.

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  4. ¡Increíble, Miguel, has llegado tan lejos! El recorrido aún es pequeño. Cada piedra que dejas atrás es una menos para llegar a la montaña que tienes delante y cuando llegues entonces habrás terminado ese camino. Me alegró mucho por tí. Me das envidia por ser tan valiente y que compartas tus experiencias con nosotros. Miguel, creces, eres grande.

    ¡Ojalá, el mundo fuera de otro manera! ¡Ojalá, hubiera más personas con corazón! Dices que ha sido muy generoso y humilde contigo. Supongo que lo lleva en la sangre alguien que ha podido cambiar un poquito el mundo con un gesto tan humano.

    Besos,
    Esther Castaño.

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  5. ¡Qué suerte y qué gusto, Miguel! ¡Cómo me hubiera gustado compartir esos 15 min. con los dos!
    Besos y ya me contarás.

    Mari Carmen Carcelén.

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  6. No sabía que te habías reunido con Muhammad Yunus. Qué guapo tío, como te lo curras. Me alegra un montón saber que puedes conocer a personas así... Su cita es magnífica, me gusta mucho, se lo voy a dar a mi padre que es empresario justamente.

    Fuerte abrazo!
    Borja.

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  7. Gracias Miguel, muy bueno el post y muy emotivo. Esto se merece una larga conversación... También he leído algunas cosas sobre el otro lado de los microcréditos, los dados sin control por diversas organizaciones, que no consiguen controlar si las personas ya tienen otro crédito en otro lado, y propicia la adquisición de un crédito para pagar el anterior, sumiendo al pobre en esa espiral que no para. Pero bueno, cafelito y puesta al día! Felicidades por el blog y suerte con la charla en tu pueblo. Avisa cuando vengas por aquí!

    Un abrazo de los buenos,
    Charo Martínez.

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  8. Seguro que has aprendido más en un cuarto de hora con él que en cuatro años en la universidad. Me alegro mucho.

    Me parece que era Rabindranath Tagore quien decía, no cuentes el dinero que tienes,sino los pobres que has necesitado para juntarlo. Pareciera que los pobres son/somos necesarios para que haya ricos, y éstos no van a soltar la pela por las buenas. La solidaridad y el altruismo sólo se utilizan en la tele en las tertulias de cotilleos y da un poquito asco. Se ha impuesto un individualismo salvaje. Allá cada cual, y el que es pobre es su problema. Y el rico siempre se lo merece. Moralmente es mejor. Es lo que piensan de sí mismos, por ejemplo, catalanes, alemanes y Bárcenas.

    Un fuerte abrazo,
    José María Guijarro.

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