viernes, 13 de marzo de 2015

En las tierras de Bengala (I).










   Algún día hablaré del paisaje tan sencillo que genera la geología de las tierras de Bengala, el cual veo a diario desde la ventanilla izquierda del asiento trasero del coche. Sobre ese delta esencialmente plano bañado por tres grandes ríos -Ganges, Brahmaputra y Meghna- e innumerables afluentes mucho más pequeños. Sobre el terreno fértil que evita morir de hambre a sus habitantes y que me tienta a descubrir su potencial observándolo de la manera más paciente. He escuchado que esta misma tierra que ahora permanece tan calmada está sujeta a las temidas inundaciones provocadas por los posibles monzones y ciclones anuales, pero hasta entonces tendré que decir que los atascos de tráfico en estos esbozos de lo que aquí denominan carreteras me obligan a salir del coche para estirar las piernas como y donde sea. Incluso me he atrevido a pedalear el transporte nacional por antonomasia llamado rickshaw para encontrar algo de felicidad en las numerosas congestiones que sufren estas carreteras. A decir verdad, aún me queda un largo recorrido que hacer para conocer mucho mejor estas tierras y así conseguir la lucidez suficiente para lanzarme a escribir sobre su paisaje tan impresionante, mientras eso llega mi cabeza tiene otras impresiones que plasmar.  

   Mi primer contacto con el país ocurre en su capital y si no fuera por la necesidad de tener que usar un chófer para mis desplazamientos, todo parecería normal conduciendo en las calles de Daca. Las grandes avenidas alardean de publicidad como si de otra ciudad del primer mundo se tratase. Anuncios que veo sobre edificios de lujo en promoción, países de moda donde pasar las próximas vacaciones, convenciones de negocios con ponentes venidos directamente de los Estados Unidos y, por supuesto, la moda producida aquí por las grandes firmas que visten al mundo rico. Pero hay una publicidad situada a cuatro metros por encima del nivel de sus calles cuyo mensaje se desmarca completamente de las demás y que define la situación política del Bangladés actual como la petrol-democracia. Un sistema que ha obligado tanto a locales como extranjeros a usar una lógica de transporte por la ciudad de Daca completamente distinta a la mayoría de otras ciudades fuera de Bangladés y, cuya finalidad trata de evitar los cócteles molotov que se lanzan arbitrariamente a cualquier vehículo en los lugares anunciados durante los días declarados para practicar libremente el terror, conocidos como hartals en la lengua local. Algo que realmente no me asusta ya que he visitado tantas capitales y ciudades de países tan diferentes entre sí que si me guiase por la publicidad que se exhibe desde el aeropuerto al centro de las mismas, concluiría diciendo que todos los países del mundo se parecen los unos a los otros pero cada uno de sus gobiernos usa el miedo para reprimir a sus conciudadanos diferentemente hasta hacer de su país un territorio único e inigualable. Sin embargo, con el paso de los días me he ido abstrayendo de ese terror y noto que a veces me resulta más agradable mirar al cielo de Daca en mis desplazamientos para entretenerme contando la gran cantidad de águilas que aquí vuelan, que observar la verdadera realidad social sobre los ríos de humanidad que inundan la capital existente bajo esa línea publicitaria. Cantidad de personas que parecen estar siempre a la espera de un autobús. Si son cuatro los metros que separan la realidad política de la social en las calles de Daca, son los milímetros que tiene el espesor de la suela del calzado los que parecen definir el grado de pobreza en la que se mueven sus habitantes. La lógica diría que quien es incapaz de costearse el lujo de tener un calzado con el que proteger sus pies del firme casi siempre de pavimento inacabado se sitúa en el escalafón más bajo del sistema, pero no lo considero cierto del todo. Mi contacto con Asia en general me ha enseñado siempre el lado más amargo de la vida de la manera más natural y Asia Subcontinental en particular, siempre muestra la existencia de otros escalones inferiores de la manera más extrema poniendo caras de seres humanos, que la naturaleza ha traído con discapacidades físicas, arrojados en la calle por la falta de sensibilidad del sistema político gobernante y quedan abandonados a la intemperie como si se tratasen de aquellas piedras que se lanzan al mar intentando hacerlas flotar a sabiendas de que caerán al fondo del océano y que su nueva localización les dota de toda invisibilidad para terminar despreocupándonos de ellas. Hoy el país con una de las poblaciones con la tasa de jóvenes más alta del planeta se frustra con la historia que escriben sus gobernantes. Tanto que éstos parecen haber olvidado que el punto rojo de su bandera es la sangre derramada por su gente sobre el paisaje verde que define las tierras de Bengala durante La Guerra de Liberación contra el Pakistán en 1971. 

   Me he propuesto descubrir lo que es esta ciudad llamada Daca dando pasos muy pequeños y antes de dejarla me gustaría visitar la universidad, ese lugar en el cual está prohibido hablar de política y que mi chófer, un joven musulmán sin estudios, define como el lugar más peligroso de la gran urbe ya que, a su entender, quienes la frecuentan desarrollan ideas diferentes a lo establecido como norma dentro del sistema dominante. Mientras tanto yo ya puedo decir que he satisfecho mi curiosidad por ver el tigre de Bengala, aunque haya sido en las jaulas del zoo de la ciudad acompañado de la generosidad ofrecida por todos los miembros de una familia de bengalíes. El Zoo Nacional de Daca está en el barrio de Mirpur, cuyo acceso es inferior a los 25 céntimos de euro por persona y uno de los lugares más transitados por la gente local cada viernes, el día festivo de la semana en Bangladés.

   Otra historia sobre Asia Subcontinental aquí.

3 comentarios:

  1. Un placer hablar contigo ayer, las 3!!! horas se fueron volando.

    Por cierto, tu blog de viajes y experiencias es muy interesante, ameno y enriquecedor. Da gusto comprobar que en nuestro cuadriculado mundo técnico hay versos sueltos con ganas de dar otra lectura a la realidad que vemos.

    Cuídate y disfruta de tu corta estancia por Singapur.

    Estamos en contacto.

    Gorka.

    ResponderEliminar
  2. He leído lo ultimo que has escrito. Y con lo bien que lo haces ahora tengo que procurar realizar un comentario interesante. Me ha llamado la atención tu reflexión sobre el calzado. En la antigua Roma, el calzado indicaba la clase social. Y eso de moverse con chofer...Que de experiencias!

    Como dices que estas de paso ahí donde estas, te escribo estos versos de Rilke: Quien, pues, nos dio la vuelta de tal modo /que hagamos lo que hagamos siempre tenemos la actitud/ del que se marcha?(...) Así vivimos nosotros siempre en despedida.

    Josefina.

    ResponderEliminar
  3. Wow! Me trae recuerdos de la India, un viaje que me marco de por vida. Tu que vives alli no se como lo llevas pero te noto feliz y fascinado con la gente y las experiencias.

    Elena.

    ResponderEliminar