viernes, 11 de julio de 2014

Los "Expats".

   Él se negaba a renunciar a su whisky, sus criados y sus jóvenes asiáticas por el aburrimiento y penalidades que había vivido en sus años en el Oeste. No le quedaban apenas vínculos con su familia y, con los años transcurridos, había aprendido a pensar por si mismo. El sudeste lo había corrompido. Llegó aquí cuando el opio se podía encontrar en cualquier lugar, desde una casa de una familia rica china hasta una mísera habitación de un simple trabajador de Asia central. Empezó a consumirlo por el dulce alivio que le ofrecía después de sudar tinta en un día de trabajo. Decía sentir alivio de sus dolores hasta el punto de dejarlo ensimismado. En aquel momento, se estimaba que un tercio de la población adulta de esta isla era adicta al opio, conocido como chandu entre los locales. La droga era cara y un trabajador de India o Bangladés podía llegar a pagar hasta dos tercios de su salario por ella. Con el tiempo, muchos de esos trabajadores quedaban reducidos a meras sombras de si mismos, corrompidos hasta llegar al punto de no poder trabajar. En aquellos años, el negocio del opio era muy lucrativo para el gobierno local, el cual monopolizaba el derecho a venderlo a cambio de una tarifa sustancial que aplicaba a aquellos que lo cultivaban. Así fue como él, al igual que otros pocos, pudieron hacer de una gran fortuna hasta que este sistema fue abolido pocos años después de su llegada, pero la droga continuó sin control sobre la población asentada en torno al río que daba nombre a la ciudad isla donde él vivía. Escenas como esta le resultaban más nativas que hablar de la misma España. Sus raíces se habían hundido profundamente en un lugar remoto del sudeste asiático y me prometió vivir en alguna sociedad más civilizada a mi despedida. 


   Me pidió dejarlo solo y yo volví de regreso a la playa. Todo continuaba preparándose para la gran fiesta. Las asiáticas de turno cocinaban satay y salchichas, y yo empecé a entonarme con el whisky. No había música pero, una vez más, la noche se prometía larga y frenética. La gente empezó a traer botellas. El lugar se llenó. Se escuchaban historias de la China y Australia. Viajes a lugares exóticos con colegas y recién conocidos. Había gente de todos lados y nadie parecía sentirse incómodo. Éramos los “expats”, los nuevos hijos de la Europa desempleada que lentamente en el Sudeste nos íbamos encontrando. 

3 comentarios:

  1. Acabo de leer todo el texto. Algo había leído sobre la guerra del opio por aquella zona. Enseguida he entrado en el artículo. Me ha llevado a algún sitio, tal vez a un libro que me impactó, una película o una sensación quizá en sueños,... que sé yo. ¡El relato es tan jodidamente bueno! ¿Tú sabías que yo estuve 14 años enganchado a la heroína y coca por vena? Me ha gustado y claro, ese el el asunto... La vida es así; dulce y agria.

    Un abrazo.

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  2. UAU, lectores yonkis y vividores que tienes!!! pero mola que te hagan comentarios asi... jeje

    Miguelito Fatality

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  3. Soy un tonto que nunca se ha fumado un canuto pero puedo percibir las imágenes, como tomadas por una "super 8", que transmiten las palabras de este texto. Me ha gustado mucho.

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