sábado, 30 de noviembre de 2013

Taipei 101, hombre ridículo camina.

"Las torres siempre me han parecido absurdas pero bueno, a falta de pan buenas son tortas, uno sube y ya está". Taipei 101, postal de la tienda de souvenirs.
   
   El pasado sábado amaneció lloviendo como ya nos tiene bien acostumbrado el gobierno de Singapur, que conste que llevo fatal que nos controlen hasta con la lluvia, así pues con el entusiasmo vespertino que tengo durante los fines de semana de los meses noviembre, cogí mi cuaderno de notas naranja, cuyo color alude a nombre de mujer tailandesa y que compré en el bazar en el que se ha convertido hoy lo que fue el lugar de trabajo de Geoffrey Bawa, y me entretuve un bien rato con lo anotado. Hay quien sostiene que nos hallamos en una nueva era de exploración y aprendizaje, la cual desarrollará una nueva cultura surgida en torno a la posibilidad de interactuar con individuos desconocidos ubicados en distintas partes del planeta, quienes están siendo agrupados mediante las redes sociales por compartir pasiones similares, lo cual podría ampliar más el conocimiento y abre nuevas posibilidades para el desarrollo de la creatividad. Extraordinarias referencias, pensé yo, pero ya sé que a veces no entiendo bien las cosas y en esa mañana, que de comprensión andaba lo justito, fue cuando con benévola lucidez pasé en un santiamén a las notas escritas sobre mi viaje a Taiwan, un país en el cual aterricé a ritmo de tambores chinos del puro furor que me había producido leer unas reflexiones de aquél quien habla de cine por la radio 3. Un viaje que no dejó de evocar ciertos climas cinematográficos y temas de novela a base de los diferentes itinerarios fragmentados entre trenes y automóviles mientras se iban sucediendo una serie de perspectivas con sus montañas, sus ríos, sus acantilados, sus playas, sus ciudades, sus distritos, sus templos, sus casas de té, sus luces y sus publicidades entre habitación y habitación de hotel. Paseos por lugares tan llenos de bruma que fui recogiendo en cantidad de fotografías tomadas de manera casi compulsiva. Imágenes que me resultan tan fascinantes como inexplicables y que no acabo por descifrar aún a día de hoy. Descubrí un intento de trazado urbano en la ciudad de Taipei que se presentó como un jeroglífico a descifrar que acabó en un deambular por cantidad de rutas que se fueron improvisando entre sus angostas calles y grandes avenidas, algunas incorporan incluso autopistas elevadas, hasta que alguien me paró para decirme que parecía un hombre ridículo vagando triste y solitario por el mundo, lo que me estresó de tal manera que fui en busca de algo de pan, comer miga es una actividad que me relaja mucho desde pequeño, y dar así con la única torre que hay en aquella ciudad, Taipei 101. Una vez arriba, y en medio de lo que siempre me resulta una insaciable mezcla de propaganda patriótica, tecnología turística y con todas las vistas hacia ninguna parte, coincidí con los pocos occidentales de todo el viaje y fue en la semejanza de nuestros rostros en medio de toda aquella parafernalia, donde reconocí que había perdido contacto con el mundo y sobre todo conmigo mismo. Entoces, con la intención de verificar y dar prueba de mi experiencia con lo exótico durante esos días, que ya había vivido en otras ocasiones en otros lugares aún más lejanos y que nunca parece alcanzar la realidad, envié desde allí una postal al Cafetín de Tadeo, quien al parecer la recibió y colocó entre los anises a la espera de algún momento de lucidez de alguinos de sus clientes para contestarla. 

   Cuando dejó de llover esa mañana de sábado me sacaron para el centro comercial ya que es así como se ahorra en el aire acondicionado viviendo en el trópico.


Texto sobre mi experiencia en Taiwan que me recuerda, y creo saber los motivos, a las crónicas de Diario de un hombre ridículo de Fran Vega que puedes leer haciendo click en este enlace "El Cafetín de Tadeo".

3 comentarios:

  1. Gracias por llevar el cafetín de Tadeo hasta los confines asiáticos. Y el único comentario que puedo hacer es el de sentirme halagado al ver mis crónicas citadas en las tuyas.

    Un abrazo sincero.
    Fran Vega.

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  2. Qué risa Miguel! Los que me conocen muy muy bien, como si me hubieran parido.. saben que soy la que siempre ha hecho el boquete al pan, qué genial saber que tengo un amigomiga jajajajaja... de hecho mi pan purchase decision siempre va en base a cuanta miga tiene el pan! jeje

    Paula G.

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  3. Así que le pegas a la miga ... amigo ...

    Elena Sánchez.

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