martes, 5 de febrero de 2013

Soledad compartida, Katmandú.

    Amiga mía, saber ahora de ti es como un pequeño regalo. Aquella noche no hubo hoteles donde hiciera falta llegar, ni hubo nombres que conocer. A veces con pocas palabras basta. Aquí, los días pasan y pasan, sin novedades, sin entretenimientos, sin nada. Tan solo tormentas de arena y trabajo, mucho trabajo. Me encuentro en casa, sin tele, sin radio, sin música, sin libros, sin nada. ¡Y es que, en Qatar, mi vida es tan distinta! Recuerdo aquella película donde aparecía un hombre, un topógrafo solitario, trabajando por aquí y por allá. Vivía en una casa con apenas unos pocos muebles y un sólo libro. Una noche conocía a una mujer en algún lugar de la ciudad y, sin dirección, caminaban y caminaban sin querer agotar las horas. El final digamos que ha caído en mi olvido.

    Katmandú oscurece con la noche entre el olor a humo y verduras. No hay electricidad. El agua es marrón y las calles son ríos de gente. Hay faros de alguna moto y se oye el llanto de algún crío. Hay ruido, mucho ruido, y  vida, mucha vida. Mientras tú comías, yo simplemente reía. Tú reías y yo comía. La luz se agotó. Después caminamos y caminamos. Tú llegabas del Este y meditabas, yo venía del Oeste y preguntaba. Desde que te encontré allí noto mi vida similar a la de aquel personaje y, tras volver de aquel viaje, pensé en leer el mismo libro como él hacía. Ahora, con el pasar de los años, lo justo parecería escribir el mío.  

    Mientras tanto pues camino y camino.


5 comentarios:

  1. Me alegro mucho de que te arranques a escribir.
    Te seguiré con interés!

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  2. Miguel, me alegro que todo te vaya bien, como exiliado!
    pon fotografías!
    un abrazo y buena suerte,
    aunque la suerte hay que ganársela!

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  3. Una vez me contaron una historia de un hombre (paisano) que a sus cincuenta y tantos años no sabia leer,alguien un día le regalo un libro y decidió aprender a leer y lo consiguió. Era un hombre mas bien solitario, sin mujer,sin hijos y algún amigo, decidió deshacerse de todo lo que no le hacia falta,que era casi todo lo que tenia en su casa y la lleno de libros poco a poco.Esta historia me ha recordado un poco a el, y a la vez me ha recordado a Murakami,por la descripción tan meticulosa de la segunda parte del texto, hace que te introduzcas en un libro de Murakami,por los olores que describe,por del bullicio de la gente,por las calles,por los dos desconocidos. Podría ser cualquier calle de una gran ciudad,donde a veces es imposible caminar entre la gente y los olores se entremezclan unos con otros, y de fondo oyes la música de algún músico tocando en alguna esquina de ese lugar...

    (...como el peonza con su flauta)

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  4. Podría ser cualquier calle de una gran ciudad,... Lo es! ;-)
    Gracias por vuestro apoyo comentando. Se aprecia cantidad.

    Un abrazo

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  5. Hasta que lo escribas seguiré leyéndote aquí. Disfruta de la compañía.

    Un beso,
    Marta

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