viernes, 4 de enero de 2013

El Mundo es tan bonito.

    Un largo paseo por las terrazas escalonadas a lo largo de los diferentes arrozales de las montañas. El olor a tierra húmeda, la leña quemada y el frío. Todo para volver por sorpresa a esa infancia del pueblo. Mi guía, que bien pudo ser una equivalente a mi tía Juliana, nos enseñó su casa. Su modo de vida a grandes rasgos parecía muy similar a los del sitio de donde vengo. Su huerto y su despensa tan familiar que extrañé hasta dejar su casa sin unos pocos tomates entre mis manos. Esa humildad del campo tan lejana en las grandes urbes y ellas tan aisladas de casi todo. Nos enseñó su escuela. Por poco internet que tengan parece ser que un profesor de primaria es su mejor ventana al mundo.

    Una mujer mayor se sienta en una piedra al umbral de su puerta para contemplar ese cielo del que probablemente no sabe nada y por el que ya nunca viajará. Entonces, recuerdo a mi abuela en mi despedida camino a Lisboa. Ella me preguntó “Niño, pero ¿por qué te vas?” y yo no supe elegir entre mis innumerables palabras las que ella pudiese comprender.

    Uno deja atrás aquel misterioso lugar para llegar a la estación de tren y allí, comprar una postal de aquellas mujeres recogiendo los campos de arroz con las que acaba de hablar y, con el vago recuerdo de esa carta de José Saramago a su abuela, escribir sin dudar:


       Querida mamá y querido papá,

    Estoy en Sapa, Vietnam. Todo bien. 
    Lugar que nunca pensé en visitar. 
    Sólo decir que:

       “¡El Mundo es tan bonito!”


     Vuestro hijo que os quiere, 
     Miguel.

3 comentarios:

  1. Al leerlo me he emocionado y siento un nudo en el estómago!!!!

    Antonia

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  2. Pues eso...el mundo es tan bonito! Gracias por este post Miguel, es inspirador :)

    Julia Beamud

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  3. Muy bonito!!!

    Choco Krispu

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