miércoles, 26 de diciembre de 2012

Exóticos por Sumatra.

    La primera vez que llegué a Sumatra lo hice por trabajo. Fui con mi compañero el ingeniero. Una tarea fácil que consistía en unas inspecciones en la obra de un nuevo aeropuerto. Así pues básicamente uno aterrizó allí, pagó su tasa por “exótico” y, ya está, bienvenido a la puta jungla.

    No he vivido situación más terriblemente asfixiante que salir de un edificio tropical para inmediatamente introducirte, así de  sopetón, en una foresta natural y salvaje en el estado más puro y que de la manera más agresiva se retuerce hasta sacar sus ramas a gritos para buscar el sol escaso en el interior de la jungla. 

    Y es que vi occidentales perdidos en atuendos atípicos disimular su aparente locura en esta isla, en la que yo me propondría perderme si no fuera porque perdido estoy ya en otra aunque ésta mía de hormigón. Occidentales de tez morena a lo que los mismos locales denominan “exóticos” por la lejanía que les produce su físico. Occidentales que silenciosamente me miraban de manera cómplice sin gritar «¡El horror! ¡El horror!» para darte a entender que la historia que viven en Indonesia es sencillamente otra. Lejos quedan ya mis lecturas de Conrad pero qué cerca creí escuchar los gritos de aquel misterioso Kurtz.


6 comentarios:

  1. Con este precioso relato me has recordado aquella peli "El año que vivimos peligrosamente" de Peter Weir. El asombro del protagonista..periodista, arquitecto.qué más da!!,"la historia que viven...es sencillamente otra".

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  2. Miguel..voy a dejarte aquí unas reflexiones de un amigo que viajó hace poco y mira lo que se encontró: “ Creo que viajar es, sobre todo, huir. Descubrir sitios nuevos para alejarse de los viejos. Lo más hermoso del destino es aquello que desconoces y nunca llegó muy lejos quién sabía dónde quería ir. Por eso me apena llegar a una ciudad como Londres y encontrarme los mismos restaurantes, los mismos musicales, las mismas tiendas con las mismas ropas, los mismos turistas rusos y chinos que comen la misma comida en esos mismos restaurantes, que visten las mismas ropas y acuden a los mismos musicales, estén en Madrid, París o Roma. Así es imposible huir de nada porque todo aquello de lo que huyes lo vas encontrando a la vuelta de cualquier esquina. ¿ Cómo hacer ya una foto de Santa Sofía sin que salga en ella un turista en pantalón corto ? El mismo turista que te encuentras en el Louvre haciendo cola para desfilar ante la Gioconda sin volver la cabeza ante el enigmático San Juan. A la salida, el turista y yo comemos hamburguesa o pizza en el mismo sitio que tenemos frente casa para ir, lo más deprisa posible, a hacer la foto siguiente. Porca miseria. La gente vive hoy tan acobardada por envejecer que lo llena todo de imágenes y de actividad inútil. No se dan cuenta de que en esa trampa no les queda tiempo para recordar y por tanto morirán sin haber vivido, que es más o menos como regresar sin haber iniciado el viaje.”

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  3. Te agradezco tus comentarios bien traídos a este lugar o punto de encuentro.

    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Gracias...y ahora falta saber si me has conocido; si creo.
      Besotes :)

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    2. Creo que si pero mejor dejémoslo como anónimo desconido (o desconocida como es el caso) jeje
      Besos

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  4. Me fascina Apocalypse Now de Coppola... quizás no sea exactamente que estos lugares nos aporten algo, sino mas bien que hacen aflorar lo mejor que nosotros llevamos dentro.

    Abrazo,
    Víctor Giménez.

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